
En Pamukkale, la naturaleza construyó un sorprendente castillo de algodón y el hombre, Hierápolis, la ciudad sagrada donde está la entrada a los infiernos.
El paisaje único de Pamukkale surge de sus fuentes termales.
De ellas manan aguas ricas en minerales que al ir precipitándose van formando lo que de lejos parecen cascadas congeladas.
Junto con Hierápolis, Pamukkale, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1988.
Lo que hoy puede verse de Hierápolis es el fruto de varias civilizaciones y varios terremotos.
Puedes visitar su teatro construido en el siglo II para acoger a a 15 o 20 mil espectadores.
Muy cerca tienes el templo de Apolo, la principal deidad de la ciudad. Construido con piedras sin argamasa, mide 15 metros por 20 y tiene delante una fuente monumental.
Junto al templo está Plutonium, la entrada a los infiernos, una cueva en la que abundaban los gases venenosos.
También debes visitar los baños romanos y su museo, el monumento a San Felipe, las puertas y la necrópolis.


















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