
Los grandes ríos merecen grandes viajes y hay pocos ríos tan grandes como el Nilo. Es sin duda alguna, el mayor río de África y, al decir de muchos, el mayor del mundo, un título que se disputa con el Amazonas.
Pero el Nilo impresiona no sólo por su tamaño, sino por su historia y su magia. En sus 6.700 kilómetros, el Gran Río o Iteru, como se lo llamaba en la antigua lengua egipcia, discurre a través de siete naciones, cruzando selvas, desiertos y grandes ciudades (en la foto a su paso por El Cairo).
Recorrer el Nilo, puede ser el viaje de tu vida. Podrías comenzar por el Nilo Blanco, recorriendo Uganda y Kenia. O quizá por el Nilo Azul, en Etiopía. Ambas rutas te llevarían a Khartoum, la capital de Sudán donde el Nilo Azul se une con el Blanco, para formar el llamado Nilo de las Arenas.
Más allá de Khartoum, el Nilo en su camino hacia el norte, se interna en Nubia, tierra de faraones. Allí, el azul de sus aguas contrasta con el verde de las palmeras de su riberas y el amarillo del desierto.
Cuántas imágenes quedarán grabadas en tus sueños: las gráciles falúas, el poder de las cataratas, la magia de las pirámides y los antiguos templos, la inmensidad de Asuán.
Y por fin, El Cairo, la enorme capital cuyos 15 millones de habitantes se mueven con naturalidad en medio de un tráfico caótico.
Antes de morir en el Mediterráneo el Nilo se bifurca: al este Damietta y, al oeste, Rosetta. Te recomiendo que cojas este último brazo y llegues a Alejandría, la de la mítica biblioteca.


















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