
En Brasil, frente a las costas del estado de Río de Janeiro hay una isla con playas vírgenes y selva intacta. Se llama Ilha Grande y aunque hoy la consideremos un paraíso, durante muchos años la gente no quería ni acercarse.
Porque en el pasado Ilha Grande cumplió funciones siniestras. Fue refugio de piratas que atacaban a los barcos que llevaban la riquezas americanas hacia España. Más tarde fue un centro para la trata de esclavos. Cuando Brasil abolió la esclavitud, en 1831, la isla fue tomada por contrabandistas.
A finales del siglo XIX, con el auge de la inmigración europea, el gobierno enviaba a Ilha Grande a los recién llegados sospechosos de estar enfermos de cólera.
Ya en los años 60 del siglo XX, la dictadura militar creó una prisión para los perseguidos políticos, a los que después se agregaron los presos comunes.
Finalmente, en 1994 el penal fue cerrado.
Este siniestro pasado mantuvo a la isla casi intacta. Ahora Ilha Grande es un reserva natural en la que no hay coches particulares ni caminos pavimentados, porque el único trasporte autorizado es la bicicleta. Tentador, ¿no?
Pues hay más. Ilha Grande tiene 106 playas, deslumbrantes lagunas y zonas de selva atlántica intacta. La temperatura media anual es de 22,5ºC -febrero es el mes más caluroso, con 25,7ºC de media y julio, el más frío, con 19,6ºC-.
Temperaturas ideales para disfrutar de Lopes Mendes, más de tres kilómetros de arena blanca y fina bañados por unas aguas de ensueño. Por algo, los que saben, dicen que Lopes Mendes es una de las mejores playas de Brasil.
Para llegar a Ilha Grande tienes que coger un barco en Angra dos Reis o en Mangaratiba. El viaje suele durar una hora y media y hay ferries y catamaranes que hacen el recorrido.


















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