En ocasiones, creo que realmente no comprendemos con viajar, pero en su forma más significativa.
Son muchos los que creen que el viaje es lo siguiente:
un marinero, con la maleta llena de estampillas, un viaje reducido a transportarse de un punto a otro, descender en ese “puerto”, disfrutarlo, y volver a desplazarse hasta el siguiente.
O no os ha sucedido de tomar un avión, llegar a una ciudad, visitarla día y noche, y en el viaje al siguiente destino, dormir durante todo el viaje para arribar a la nueva ciudad y estar listos para “disfrutarla”. Pero, que sucedió en medio? Es que no había nada allí? No disfrutamos de nada?
Miami, por ejemplo. Cuantos turistas la disfrutan en todo su esplendor? Cuantos de ellos visitan Key Biscayne? Pues casi todos. Y cuantos disfrutan del maravilloso camino entre ambos puntos? de los puentes entre los callos? Pues unos cuantos diría, pero, cuantos se detienen a conocer algunos de los callos más grandes, o los más pequeños? pues pocos, os lo puedo asegurar.
Acaso, cuando llega algún visitante y usted debe mostrarle su ciudad no siente que viviendo en ella, nunca ha visitado tal o cual “destino turístico” o “punto de interés” hacia el cual lo está llevando?
Para pensar seriamente en como viajamos, y que hacemos durante nuestro viaje, pero el viaje de la vida, que por supuesto sufre de las mismas carencias de atención a esos detalles que se encuentran todos los días y en todas partes pero que no vemos, y en definitiva, lo que logramos es no hacer lo importante, disfrutar del viaje, no del destino.
Fotografía por kerz














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