
Así defiene Carlos Páez Vilaró a una de sus obras más conocidas, Casapueblo, modelada con sus propias manos, sobre los acantilados que miran al mar en Punta Ballena, cerca de Punta del Este, en Uruguay.
Punta del Este es el lugar donde veranean muchos de los ricos y famosos del Cono Sur sudamericano y otros llegados desde todo el mundo. Y para todos Casapueblo es un referente desde hace muchos años.
Casapueblo es tan peculiar como Páez Vilaró, quien en constante lucha con la línea recta, se inspiró en el nido del hornero, un pájaro de las pampas que construye su vivienda de barro, con forma de horno.
Páez Vilaró tiene su taller y su museo en Casapueblo, donde recaló después de viajar por todo el mundo.
Allí también creó una zona de homenaje a su hijo, Carlitos, uno de los sobrevivientes de aquel avión que cayera sobre los Andes y cuya historia se hizo famosa en todo el mundo gracias a libros y películas.
En Casapueblo funciona también un hotel, un café literario y una tienda.
Desde 1994, cada tarde, al llegar el ocaso, en Casapueblo se realiza la Ceremonia del sol. Es un rito que ningún visitante quiere perderse.
Una especie de misa ecuménica en la que en medio del silencio, surge una grabación con la voz de Páez Vilaró recitando un poema dedicado al sol.
La ceremonia termina con la llegada de golondrinas y gaviotas, que siempre coincide con la caída del sol.


















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