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Lago Malawi - Relatos de Viaje

27 de Febrero de 2008 por victor · Sin comentarios · Malawi, África

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Cape Maclear se encuentra en la parte sur del lago Malawi y se trata de una población dedicada a la agricultura, sobre todo encontramos plantaciones de maiz. El turismo en la zona aún no está desarrollado aunque se pueden encontrar varios hostales para viajeros.

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Subidos en la parte descubierta del camión el viento nos traía entre sus volátiles manos aromas a eucaliptos. Los baobabs emergían entre el frondoso paisaje como almas viejas que vigilan el paso del viajero. Quizás os suene el nombre de baobabs por el libro “el principito”. En África existen muchas leyendas relacionados con dicho árbol. Su forma peculiar invita a pensar que está plantado boca abajo con las raíces haciendo las funciones de copa y ramas. En Zimbague cuentan que Dios fue repartiendo entre los animales las semillas de los diferentes árboles que deseaba crecieran en la tierra. La última semilla que entregó, era la semilla del baobab. El animal elegido para plantarlo fue la hiena, y ésta, al sentirse ofendida por haber recibido el último recado, decidió plantar la semilla al revés.

Es un árbol que guarda cauteloso su belleza, pues tan sólo nos permite vislumbrar sus flores durante veinticuatro horas. Tras las horas señaladas la flor se marchita religiosamente.
El poblado que circunda Cape Maclear está ocupado por cabañas con techumbre de paja. Las paredes son de adobe y algunas de las casas poseen patio. Sus gentes hacen su vida en las orillas del lago. Allí lavan, se bañan, se reúnen las familias, juegan los niños.

Paseando por sus calles de arena nos encontrábamos con niños semidesnudos, que a nuestro paso dejaban sus juegos y venían a saludarnos. Niños de cuatro, tres e incluso menos edad nos regalaban un alegría difícil de expresar. Nuestros saludos eran recibidos con entusiasmo. Querían tocarnos. Nos daban la mano y caminaban junto nosotros desbordados por la emoción, emoción que en nuestras personas era quizás superior a la suya, aunque ellos ni siquiera lo imaginasen. Sus voces son melodiosas y sus gestos sinceros, puros. La malicia habita lejos de sus hogares, las dependencias materiales no encuentran lugar entre las paredes de sus casas. El reino del tiempo parece haberse olvidado de estas regiones.

Cape Maclear es un lugar idóneo para disfrutar de unos días de naturaleza y calma. Frente a la costa se encuentran dos islotes de naturaleza virgen, que otorgan al paisaje un halo de deseos por descubrir nuevos parajes.

Una de las mañanas que estuvimos allí, decidimos alquilar un kayak para remar por el lago y visitar algunas de las playas de las islas de alrededor. El sonido de nuestros remos al entrar en contacto con el agua se fundía a la perfección con el paisaje que contemplábamos. En nuestro navegar nos cruzamos con varias embarcaciones rebañadas a los troncos de los árboles, dónde los lugareños suelen ir en busca de su pesca diaria. Tras un largo rato remando llegamos a una de la playas de la isla más cercana y varamos nuestro kayak en la arena. Nos bañamos tan sólo acompañados por el sonido de algunas de las cientos de especies que habita la zona y de algún que otro chillido de mono. Podíamos imaginar que éramos los primeros visitantes de aquel paraje. Los peces tienen teñidas sus escamas de un color azul intenso que proyecta su reflejo sobre la superficie del agua. Decidimos bordear la isla tras el baño en busca de vida animal, y la verdad es que no tuvimos que esperar mucho para contemplar algo que nunca antes habíamos visto: un martín pescador en plena tarea diaria. En las ramas de los árboles de la isla, que sumergen sus raices entre las rocas que emergen del lago, los martines pescadores junto a otras aves suelen reunirse en alegre comparsa. Detuvimos el kayak y en silencio contemplamos el espectáculo. Un martín pescador alzaba el vuelo y descendía vertiginoso casi en picado hasta sumergir no sólo su cabeza, sino prácticamente su cuerpo emplumado de color negro y blanco. Al no haber pescado ningún pez, al instante emergía raudo y con renovada energía, como si un resorte lo impulsara, para abalanzarse a pocos metros de distancia del primer punto de ataque de nuevo sobre el agua. Así, dos, tres, cuatro incluso cinco veces y a pocos metros de distancia de nuestra embarcación. Como un ave Fénix, que en vez de ser consumido por las cenizas, era tragado por las aguas y emergía con ímpetu y belleza nueva ante nuestra mirada sorprendida.

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